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viernes, enero 14, 2022
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Administrando mi vida ciudadana

Por N. Cristina Bedrossian

Ciudadanos del cielo con responsabilidades civiles.

Durante 34 años estuve dando clases en la escuela secundaria sobre Educación Cívica, Formación Ética y Ciudadana, Política y asignaturas afines. He visto a lo largo de ese tiempo distintas posturas, de los estudiantes entre los 13 y 18 años, respecto de las responsabilidades políticas.

Durante la década del 90 observé desinterés total, indiferencia y desinformación. A partir del 2001, comencé a advertir mayor interés, información, involucramiento en los debates. Sin embargo, la mirada hacia los problemas de nuestra sociedad estaba puesta en los otros: “los políticos, “los partidos”, o en aspectos de la problemática como la causante de las dificultades que atravesábamos: “la economía”, “la inseguridad”, “la educación”, etc.

  1. ¿Qué es la ciudadanía?

Durante mucho tiempo se consideró ciudadano a aquel que era titular de los derechos políticos, es decir, a aquellos que podían votar o ser elegidos para ocupar cargos públicos electivos. Hoy la ciudadanía es valorada a través de un concepto más amplio: “Es el conjunto de derechos y responsabilidades que tienen las personas en una comunidad determinada”. Desde el punto de vista de la ley, cuando una persona es ciudadana se la reconoce como perteneciente a un Estado y éste, a su vez, le reconoce una serie de derechos y de deberes.

2. ¿Qué principios podemos extraer de la Palabra de Dios para administrar, como discípulos la vida ciudadana?

A. SOMOS CIUDADANOS DEL CIELO DESDE QUE EXPERIMENTAMOS EL NUEVO NACIMIENTO AQUÍ EN LA TIERRA Juan 1: 10- 13

El pensar en esta realidad y afirmarla permite visualizar una conexión inescindible entre el comienzo de la vida cristiana aquí en la tierra y la eternidad. Así es como tenemos una doble ciudadanía por el “ius soli”, (la ley del suelo); la ciudadanía terrenal, pero por el “ius sanguinis”, (la ley de la sangre) tenemos la ciudadanía celestial. Si aceptamos el sacrificio de Jesucristo en la cruz y el derramamiento de Su sangre a nuestro favor, para perdón de nuestros pecados, obtenemos la calidad de ciudadanos del cielo. Y eso nos da derechos como, por ejemplo, ser llamados hijos de Dios y coherederos con Jesucristo, pero también implica, como toda ciudadanía, responsabilidades. Por esto, no podemos tener una mirada monástica y retirarnos del mundo. Ser ciudadanos del cielo nos compromete en la tierra. El canto de los ángeles al anunciar a los pastores la llegada de Jesús, Dios hecho hombre, fue “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. Lucas 2:14El ciudadano del cielo debe reflejar su ciudadanía en la tierra.

Dijo Jesús registrado en Mateo 5: 13-16 “Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo…. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo”.

No podemos extraernos de nuestra responsabilidad de ser luz. Ella refleja la verdad, la integridad, la santidad. Tampoco podemos dejar de ser la sal que preserva de actos de corrupción; la sal que debe resaltar el verdadero sabor de la vida.

Los cristianos no podemos enmarcar nuestra práctica de fe al templo, a nuestras casas, a nuestros espacios privados. Todo el Nuevo Testamento refleja la transformación del mundo antiguo pagano por la influencia de los cristianos.

El mensaje de Jesucristo, sus buenas noticias, no solo deben ser proclamadas, sino que la vida del discípulo debe revelarlas en la comunidad como el verdadero camino al cambio.

No podemos dejar que nuestras convicciones políticas estén por encima de nuestro compromiso con el Señor de nuestras vidas.

B. SOMOS CIUDADANOS DEL CIELO CON LA RESPONSABILIDAD DE SOMETERNOS A LA AUTORIDAD PÚBLICA Romanos 13:1

El ser humano ha establecido distintos modos de organización política, es decir, de formas de ejercer el gobierno en una sociedad determinada que convive en un espacio físico delimitado.

Y la Biblia enseña que debemos someternos a la autoridad. Someterse significa “ponerse bajo otro”. Esta debe ser una acción voluntaria nuestra y no un derecho ejercido por la autoridad sobre nosotros.

En ningún lado la Biblia convalida el autoritarismo, ni el totalitarismo. Porque la Palabra de Dios enseña que, toda autoridad humana esta concedida por Dios y sujeta a su autoridad suprema.

 El ejercicio del poder es una responsabilidad para los gobiernos, pero al mismo tiempo la Palabra de Dios no justifica el uso de la violencia contra la autoridad.

En la historia del pueblo de Israel, las formas fueron cambiando: de la autoridad de los patriarcas, pasaron a la esclavitud en Egipto. Del desierto llegaron a la tierra prometida guiados por Moisés y Josué. Establecidos allí, surgieron los jueces. Luego pidieron un rey. Después de los reinados de Saúl, David y Salomón se divide Israel en dos reinos.  Posteriormente caen en poder los asirios, los babilonios, los persas sufriendo el destierro. Y en medio de semejante situación de opresión, personas como el profeta Daniel, Mesac, Sadrac y Abednego ejercieron puestos de autoridad bajo las órdenes de los conquistadores. Cuando el apóstol Pablo escribe estas palabras en Romanos estaba en pleno auge el Imperio romano, bajo las órdenes de Nerón, quien propugnó una feroz persecución hacia los cristianos. Y dicha autoridad se extendió desde el 27 a C hasta el 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente y, sin embargo, el apóstol exhorta a someterse a las autoridades y no solo eso, sino también a cumplir la ley y pagar los impuestos.

Vemos, en el caso del esclavo Onésimo, cómo Pablo lo devuelve como la ley indicaba, pero recomendándolo a Filemón para que lo reciba como a un hermano. Lo vemos cuando a Jesús se lo quiso acechar con la pregunta de si había que pagar tributo al César: “Dad al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios”

¿Este sometimiento a la autoridad tiene un límite? Obviamente, sí.  Hechos 4: 16 -20 dice “¿Qué vamos a hacer con estos sujetos? Es un hecho que por medio de ellos ha ocurrido un milagro evidente; todos los que viven en Jerusalén lo saben, y no podemos negarlo. Pero, para evitar que este asunto siga divulgándose entre la gente, vamos a amenazarlos para que no vuelvan a hablar de ese nombre a nadie”. “Los llamaron y les ordenaron terminantemente que dejaran de hablar y enseñar acerca del nombre de Jesús. Pero Pedro y Juan replicaron: —¿Es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en vez de obedecerlo a él? ¡Júzguenlo ustedes mismos! Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”. Aquí el verbo obedecer significa “oír”. Los discípulos responden como ciudadanos del cielo reconociendo, como Jesús, que la autoridad humana tiene límites y está por debajo de la autoridad de Dios.

C. SOMOS CIUDADANOS DEL CIELO CON LA RESPONSABILIDAD DE ORAR POR LAS AUTORIDADES 1ª Timoteo 2:1- 4

¿Qué pedir para que tengamos paz y tranquilidad como nos enseña el apóstol?

  • Pidamos que reconozcan como su Salvador y Señor a Jesucristo y que tomen las decisiones con la sabiduría de lo Alto.
  • Pidamos que todo hecho de corrupción salga a la luz, venga de donde venga y que los jueces cumplan su responsabilidad con integridad.
  • Pidamos que haya diálogo constructivo, mirando el interés general y no el interés partidario o personal.
  • Pidamos para que las autoridades no promuevan leyes que restrinjan, impidan o prohíban la difusión de la Palabra de Dios.

D. SOMOS CIUDADANOS DEL CIELO CON LA RESPONSABILIDAD CIVIL DE DEFENDER A LOS DÉBILES. Isaías 58: 6-8 Mateo 25: 31-40

A través de todo el Antiguo Testamento, podemos leer la insistente preocupación de Dios por los huérfanos, las viudas y los extranjeros, porque eran los más débiles en la sociedad. En las enseñanzas y experiencias de Jesús, contemplamos el lugar preponderante que les dio a los niños, a las mujeres, a los extranjeros, a los enfermos, a los ancianos y otros grupos.

En nuestro tiempo hemos visibilizado muchos grupos que la organización política debiera defender y muchas veces ignora, los usa como rehenes o los consideran destinatarios de respuestas insuficientes para satisfacer las necesidades básicas.

Los ciudadanos del cielo tenemos la responsabilidad civil de levantar nuestras voces y realizar acciones que reconozca la dignidad de los más vulnerables.

Algunos de ellos son: las personas por nacer, los huérfanos o niños abandonados: 

los extranjeros, discapacitados, ancianos y podríamos nombrar muchos otros colectivos

Nos quejamos de las circunstancias en las que vivimos, pero hay muchas oportunidades para que, siendo sal y luz reflejando a Jesucristo, transformemos el mundo y se diga como en Tesalónica “¡Estos que han trastornado el mundo entero han venido también acá” Hechos 17:6 (NVI)

Que el Señor nos muestre qué decisión debemos tomar como ciudadanos del cielo que impacte sobre la comunidad en que nos toca vivir.

N. Cristina Bedrossian

Es argentina, abogada, profesora en Ciencias
Jurídicas y Orientadora familiar. Miembro de la
Iglesia Evangélica Bautista de Flores.

cbedrossian1964@gmail.com   Facebook.com

 

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