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Eric Liddell: De medallista olímpico a misionero en China

Eric Liddell fue un medallista olímpico británico que abandonó su brillante carrera deportiva con el fin de cumplir su llamado de ser misionero en China.

Este joven abandonó una estelar carrera como medallista olímpico por hacer misiones a China. Es considerado hoy como el mayor deportista escocés de todos los tiempos. Bienvenidos a este resumen de la vida de Eric Liddell.

Vocación misionera

Eric Liddell nació en 1902, en Tientsin, China. Era el segundo hijo de James Dunlop Liddell, misionero escocés en el país oriental. Liddell fue a la escuela en China hasta la edad de cinco años. A los seis años, él y su hermano Robert se matricularon en Eltham College, un internado en el sur de Londres para los hijos de misioneros. Mientras estudiaba, Eric fue un atleta sobresaliente. Luego se convirtió en capitán de los equipos de cricket y rugby.

Eric Liddell como Rugby International (para Escocia) / Foto: Archivos de la Unión de Rugby de Escocia

En 1920, Liddell se unió a su hermano Robert en la Universidad de Edimburgo para estudiar ciencias. Allí se hizo famoso por ser el corredor más rápido de Escocia. Los periódicos publicaron historias de sus hazañas en los encuentros de atletismo, y muchos declararon que era un posible medallista olímpico. Pero Liddell, era un cristiano devoto y entregado a la obra del Señor. Como consecuencia, fue elegido para hablar por la Unión Evangelística de Estudiantes de Glasgow. Su trabajo consistiría en ser el orador principal y evangelizar a los hombres de Escocia a través de su testimonio.

El atletismo y el rugby desempeñaron un papel importante en su vida universitaria. Corrió en las carreras de 100 yardas y 220 yardas, y jugó rugby para el club de la Universidad. Además, ganó un lugar en el equipo nacional de rugby de Escocia. En 1922 y 1923 jugó siete partidos en el Torneo de las Cinco Naciones de rugby.

En 1923 ganó el Campeonato triple A de atletismo en las 100 yardas, estableciendo el récord británico de 9.7 segundos, el cual no se superaría en 23 años.

El domingo

Los Juegos Olímpicos de verano de 1924 fueron organizados por la ciudad de París. Eric era un creyente que consideraba que el domingo era el día del Señor, así que se negó a correr en él, viéndose obligado a retirarse de la carrera de los 100 metros, que era su especialidad. El cronograma se había publicado varios meses antes y su decisión se tomó mucho antes de los Juegos. Así, Liddell pasó los meses intermedios entrenándose para los 400 metros.

En la mañana de la final olímpica de 400 metros, Liddell recibió un papel doblado, un regalo de uno de los masajistas del equipo con el siguiente mensaje: En el Antiguo Testamento dice: ‘El que me honra, lo honraré’. Te deseo el mejor de los éxitos siempre”.

Al reconocer la referencia, Liddell se conmovió de que alguien, aparte de su entrenador, creyera en él y en la decisión que había tomado.

Inspirado por el mensaje y privado de la visión de los otros corredores (pues salió por el carril exterior) Liddell corrió los primeros 200 metros para estar lejos de los estadounidenses favoritos. Había pocas expectativas, por el cansancio que le generó el primer tramo, pero aun así decidió manejar la carrera como un solo sprint completo. Continuó corriendo alrededor de la curva final. Desafiado por los otros corredores hasta la última recta, Eric aguantó y se llevó la victoria. Rompió los récords olímpicos y mundiales con un tiempo de 47,6 segundos.

Eric Liddell cruzando la meta.

Servicio en China

Pero Liddell tomó una decisión inaudita para muchos. Si bien es más conocido por el atletismo, su verdadera pasión estaba en su trabajo misionero, así que abandonó su carrera como atleta olímpico y regresó al norte de China para servir allí, al igual que sus padres. Primero lo hizo en Tianjin y luego en la ciudad de Xiaozhang, una zona extremadamente pobre que sufrió durante las guerras civiles del país y se había convertido en un campo de batalla particularmente llamativo para los invasores japoneses.

Durante su tiempo en China como misionero, Eric Liddell continuó compitiendo de forma esporádica. En una ocasión se le preguntó si alguna vez se había arrepentido de su decisión de dejar atrás la fama y gloria del atletismo, a lo que respondió: «Es natural que un muchacho reflexione sobre todo eso a veces, pero me alegra estar en el trabajo en el que estoy comprometido ahora. La vida de un compañero cuenta mucho más en este trabajo que en el otro».

Eric se convirtió en maestro de niños y usó su experiencia para entrenar a muchachos en varios deportes. Durante su primer permiso de trabajo misionero, en 1932, fue ordenado ministro. A su regreso a China, se casó con Florence Mackenzie, con quien tuvo tres hijas.

Matrimonio de Eric Liddell con Florence Mackenzie

Tiempos de guerra

En 1941, la vida en China se había vuelto muy peligrosa debido a la agresión japonesa, así que el gobierno británico aconsejó a sus ciudadanos que se fueran del país. Florence y las niñas se fueron a Canadá para quedarse con su familia luego de que Liddell aceptara un puesto en una estación misionera rural en Xiaozhang, en donde servía a los pobres. Se unió a su hermano Rob, que era médico allí. La estación estaba sin ayuda y los misioneros se encontraban agotados. Un flujo constante de chinos venía a todas horas para recibir tratamiento médico. Podríamos decir que Liddell llegó a la estación justo a tiempo para apoyar a su hermano, que encima estaba enfermo y necesitaba una licencia.

Foto de Eric Liddell en la misión.

Cuando los enfrentamientos entre el ejército chino y los invasores japoneses llegaron a Xiaozhang, los japoneses tomaron la estación de la misión y Liddell regresó a Tianjin. En 1943, fue internado en un campo con otros misioneros. Liddell se convirtió en líder y organizador en el campamento, pero la comida, la medicina y otros suministros eran escasos. Eric se ocupaba de ayudar a los ancianos, educaba en la escuela de campo, organizaba juegos y enseñaba ciencias a los niños.

La meta final

En su última carta a su esposa, escrita el día de su muerte, Liddell anticipaba la posibilidad de sufrir un ataque de nervios debido al exceso de trabajo. La verdad era que tenía un tumor cerebral inoperable, aunque el exceso de trabajo y la desnutrición pudieron haber acelerado su muerte. Liddell murió el 21 de febrero de 1945, cinco meses antes de la liberación del campamento. Según un compañero misionero, las últimas palabras de Liddell fueron: «Es completa rendición», en referencia a cómo le había entregado su vida al Señor. El dolor que causó su muerte en el campamento fue profundo.

Los hermanos Rob y Eric Liddell en Siao Chang, China en 1938

En 2008, justo antes de los Juegos Olímpicos de Beijing, las autoridades chinas afirmaron que Liddell había rechazado una oportunidad de abandonar el campamento, y en cambio le dio su lugar a una mujer embarazada.

En 1991, la Universidad de Edimburgo erigió una lápida conmemorativa en el antiguo campamento de Weifang. La inscripción cita Isaías 40:31«Levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán».

Eric Liddell fue el atleta más popular que Escocia haya producido, de acuerdo con la votación pública para el salón de la fama del deporte escocés en 2002.

Monumento a Eric Liddell en Wei Fang.

Carros de fuego

La película de 1981 “Chariots of Fire” (Carrozas de Fuego) narra y contrasta las vidas y los puntos de vista de Liddell y Harold Abrahams. La cinta fue aclamada por la crítica, ganó cuatro premios Oscar y recibió varias nominaciones. La película es un testimonio de la profunda fe y convicción que marcaron la carrera deportiva de Eric.

Liddell inspiró a miles de creyentes que han abandonado una vida de autosatisfacción y comodidad por ir tras el llamado del Señor, sin importar si ese llamado puede estar lleno de dificultades, carencias, dolor, persecución o incluso la muerte.

Para los que no han comprendido el evangelio, la decisión de Eric Liddell fue una locura, pero este joven escocés comprendió el evangelio y entendió que no hay ocupación más provechosa y gratificante que seguir el llamado del Señor.

¿Y tú? ¿Qué piensas? ¿Con qué aspectos y decisiones de la vida y del ministerio de Eric Liddell te identificas? ¿Qué crees que nos hace falta a los creyentes de hoy para poder tomar decisiones como las que tomó Eric Liddell?

Por Giovanny Gómez Pérez para https://biteproject.com/

 

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